ATACAMA

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni universo ni reverso
ni extremo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor del camino
que tercamente te bifurca en otro
tendrá su fin. Es de hierro tu destino
como tu juez.

Jorge Luis Borges. 1980

 

 



ATACAMA

    Sólo cuando fijemos la mirada en estas figuras desérticas, podremos empezar a calcular la presión de las fuerzas mortales que nos tiene agarrados, sólo entones comprenderemos cuánto valor tiene la imaginación, cuanto atrevimiento y humildad son necesarios para atravesar la estranguladora telaraña- campamento que nos envuelve. No hay consuelo ni solaz comparable al que nos ofrece. Movemos nuestros cuerpos de acá para allá a velocidades increíbles, pero, ¿dejamos realmente el sitio donde salimos? Cuando entendamos esto, entraremos en  él. No tendremos que demoler primero ese mundo, porque el mundo desierto puede adquirir cualquier apariencia; la forma en la cual habla, la forma en que camina, la forma en que viste, los gestos que hace, no se pueden situar en un marco de realidad que no sea él. Es nuestro mundo del sueño el que nos ofreció una clave para alcanzar las posibilidades almacenadas para nosotros. Porque esta aldea tiene su propio clima y atmósfera. Cuando estoy solo, caminando por sus calles, es cuando cojo el tino de las cosas; el pasado, el presente, el nacimiento, la muerte, la evolución, el difusionismo, la revolución, la disolución, los ancestros, todos aparecen como esferas que despertaron de su juego agonístico.


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